No me andaré con rodeos, creo que le deseo. Deseo pasar toda
la noche a su lado, perderme entre las sabanas blancas de su cama. Enredar mis
brazos con los suyos, mi lengua con la suya, y su pelo con el mío… hasta fundirnos
en un solo ser. No le negare que besaría, mordería y lamería cada centímetro de
su piel. Tampoco negare que me perdería en cada recoveco que su cuerpo me
proporcionara hasta memorizarlo por completo. No le negaría las noches, ni las
madrugadas, ni los besos ni caricias prohibidas… No le negaría llegar al alba
entre delirios lujuriosos y derroches de pasión. Quizá no le negaría nada por
esa noche mágica, quizá la imaginación, la fantasía y la perversión se hicieran
una sola regla y nos dominara por completo en una noche donde no existirían las
reglas.
Cada palpitar que usted me provoca, cada latido que me roba,
cada vez que hiciera arder mis labios y presos del desasosiego pidieran que
respirara en mi haciéndome sentir su aliento, llenando el vacío inmenso de un
amanecer que se retrasa entre agonías placenteras.
Es un hecho, muy señor mío, quizá lo deseo.
Pero al terminar esa noche despertaría a un día tras hacerle
descansar dormitando en mi pecho, buscaría su mirada en el otro extremo de la
almohada, y le sonreiría a la mañana por poder disfrutar de un despertar tan
perfecto. Besaría sus labios, esta vez suavemente y con calma… queriendo curar
todo el deseo que la noche anterior provocaron en mí. Le cogería de la mano
hasta arrastrarlo al extremo de la cama y una vez de pie, me agarraría a su
cintura y caminaría hacia la cocina sin soltarle ni por un segundo, para
desayunar cualquier cosa y disfrutar una vez mas de su presencia. El desayuno
seria solo un pretexto para discutir acaloradamente o debatir pausadamente
cualquier tema que se le pasara por la cabeza, arrastrando sus ideas, exponiéndolas
una a una sobre la mesa, centrándome en sus puntos de vista, oyendo con atención
sus explicaciones y aprendiendo de su retorica perfecta. Cogería su mano, la apretaría
fuerte y al terminar de comer, con cualquier excusa buscaría la manera de
acercarme a su pecho y oír el latir de su corazón. No descansaría hasta que no
encontrara en esa habitación su sonrisa y fuera ella la que me iluminara por
completo.
Y tenga por seguro que en su ausencia, le escribiría y dedicaría
los más intensos versos y las más hermosas líneas que jamás se han escrito.
Pero al caer la noche, al salir la luna llena y bajo un
cielo estrellado, mi único deseo es que se repitiera la noche anterior una y otra
vez de un modo cíclico y eterno.
Me atrevo a afirmar, que no solo lo deseo, sino que también,
muy a mi pesar… lo quiero.
Hezerleid



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