sábado, 1 de octubre de 2016

Porque todos merecemos unos amigos que...



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Porque todos merecemos unos amigos que te apoyen siempre, que sean tu base, tu aliento cuando no puedes seguir...

Porque todos merecemos que nos escuchen, y no irnos a dormir con la duda de si al despertar esos amigos estarán o no. Porque no merecemos que nos decepcionen, nos den de lado o nos hagan sentir que sobramos. Porque todos merecemos no tener miedo a hablar con las personas que consideramos mas importantes... a ser una prioridad y no una segunda opción... a compartir cosas buenas, buenísimas, pero también cosas malas. Todos merecemos que no nos abandonen porque si, que no nos mientan y que no nos oculten cosas...

Porque dar tanto por alguien merece que ese trato sea reciproco... que si estas ahí para los demás desde siempre, que los otros también estén ahí para ti... Aguantar... y sobre todo intentar que las cosas vayan bien, sin mentiras, sin decepciones y sin promesas incumplidas...


Eramos una pandilla de locos... pero felices
podíamos contar los unos con los otros...
nuestra amistad comenzó a echar raíces
entonces... ¿porque se desvaneció así?

Luchamos en mil batallas
Os tenia como prioridad
y ahora vuestro bando es diferente
y al juntarnos allá en el frente...
nada es igual, ni como antes
cuando lo mas certero era nuestra amistad...

¿Que paso?
¿Que sucedió?
¿Porque empiezo a sentir que no tengo lugar ni lado?
¿Porque se me culpa?
¿porque no se me perdona un querer equivocado?
pues hasta el corazón mas fuerte
se cansa de ser cada día derrotado...

Antes todo eran alegrías
antes todo era diversión
hacíamos frente a los problemas
y ahora solo vamos de decepción en decepción...

No se en que momento ya no forme parte de las trincheras
no se en que momento se me condeno
pues si amar es pecado
he de decir que he amado
y si no merezco vuestra aprobación
y si habéis de condenarme
ya es tarde para la redención...

Eramos una pandilla de locos felices...
eramos... en pasado
pues no se bien lo sucedido
ni en que pliegue de tiempo he perdido
ni si volveremos juntos a ver amanecer
pero lo que tengo claro
es que quiero permanecer a vuestro lado
aunque finalmente este viendo que me tocara perder...

Yo que no quería bajas...
yo que no quería heridos en la guerra
y hoy que pese a todo piso tierra
me doy cuenta que cambiaron las cartas de la baraja...

Ya se el porque del dicho:
"el capitán es el ultimo que abandona el barco"
ya que es al que mas le importa que permanezca a flote
y hoy las lagrimas forman infinitos charcos
donde mueren nuestras pasadas dotes
y de los hechos y su marco
antes de que la vida se agote...

Aun recuerdo y recordare... pese a que el barco se hunde sin remedio...
que pese este asedio
eramos una pandilla de locos felices
y en ese promedio
el tiempo valía la pena
y las horas no eran un continuo malestar tedio...

Aun recuerdo las risas
aun recuerdo las horas
aun recuerdo los momentos
que mi mente aun atesora
dime... ¿acaso es justo hacernos esto?
estemos atentos
a lo que fue en nuestros caminos
y llegamos a compartir...
esa sensación priora...


Hezerleid

sábado, 20 de agosto de 2016

Espejo del mar






Existe un trocito de tierra donde la espuma que aparece al romper las olas en la orilla es mas radiante aún, donde la sal inunda los sentidos, donde el sol al fundirse con el horizonte es magia, pura magia. Existe un lugar donde la luna llena yace enorme en un cielo nocturno completamente despejado, donde el viento de poniente susurra palabras amable en tu oído, y donde el dolor se hace mas pequeñito de cara a su bahía.

Ese espejo del mar, su puerto, sus melilleros, su astillero... su parque y sus avenidas mediterráneas, y al fondo y coronando la ciudad: la alcazaba.

Existe un mar de poniente que alivia las penas, que adormece los sentidos y que da paz al alma, donde el tiempo se detiene, alcanzas la gloria y el paisaje te sugiere eternidad...

Existe una tierra al sur, la tierra donde me crié, la tierra de mis raíces paternas, esa tierra que embriaga, que se te mete en las entrañas, esa tierra bella que me vio desde unos escasos días de nacer, hasta convertirme en una mujer...

Por suerte esa tierra existe... no deja de ser un reflejo de mi misma, es mi espejo del mar, y se llama Almería.



Hezerleid

domingo, 14 de agosto de 2016

A mis amigos y a todos los que un día lo fueron...





"Tal vez no existen los buenos y los malos amigos; tal vez sólo hay amigos, gente que nos apoya cuando sufrimos y que nos ayuda a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale la pena sentir miedo por ellos, y esperanzas, y vivir por ellos. Tal vez también valga la pena morir por ellos, si así debe ser. No hay buenos amigos, no hay malos amigos. Sólo hay personas con las que uno quiere estar, necesita estar; gente que construyó su casa en nuestro corazón".

 It (Stephen King)

viernes, 5 de agosto de 2016

La desesperación de José de Espronceda





Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!



José de Espronceda

martes, 2 de agosto de 2016

Cuando llegues a amar...


CUANDO LLEGUES A AMAR.

Cuando llegues a amar, si no has amado,
Sabrás que en este mundo
Es el dolor más grande y más profundo
Ser a un tiempo feliz y desgraciado.
Corolario: el amor es un abismo
De luz y sombra, poesía y prosa,
Y en donde se hace la más cara cosa
Que es reír y llorar a un tiempo mismo.
Lo peor, lo más terrible,
Es que vivir sin él es imposible.

Rubén Darío.

viernes, 22 de julio de 2016

Necronomicón: «Que no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir».


Quizás la cita más famosa del Necronomicón en la narrativa de Lovecraft es ésta:
«Que no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir».


El Necronomicón aparece en gran parte de los escritos de Lovecraft, que cita también otros libros de magia, como De vermis mysteriis (en latín, "Sobre los misterios del gusano") y Le culte des goules (que en francés quiere decir "El culto de los gules"), atribuido al Conde D'Erlette (un guiño a August Derleth, miembro del "Círculo de Lovecraft"). Otros de los libros, reales o no, que aparecen en las ficciones de Lovecraft son: los fragmentos o manuscritos pnakóticos; Image du Monde, de Gauthier de Metz y "El gran dios Pan" de Arthur Machen.

“Necronomicón” viene de “nekros” (“muerto” en griego), “nomos” (“ley” en griego) e “ikos” (partícula griega sin sentido propio que se usa para formar adjetivos) y significa algo así como “relativo a las leyes de los muertos”; 


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Una de los relatos del Necronomicón:

Dagón.

Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana de la buhardilla a la sórdida calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayan leído estas páginas atropelladamente garabateadas, quizá se hagan idea (aunque no completa) de por qué debo buscar el olvido o la muerte.

Fue en una de las zonas más abiertas y menos frecuentadas del anchuroso Pacífico donde el paquebote en el que iba yo de sobrecargo cayó apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los hunos aún no se habían hundido en su degradación posterior; así que nuestro buque fue capturado legalmente, y nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consideración debidas a unos prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros opresores, que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con agua y provisiones para bastante tiempo.

Cuando al fin me encontré libre y a la deriva, tenía muy poca idea de cuál era mi situación. Navegante poco experto, sólo sabía calcular de manera muy vaga, por el sol y las estrellas, que estaba algo al sur del ecuador. No sabía en absoluto en qué longitud, y no se divisaba isla ni costa alguna. El tiempo se mantenía bueno, y durante incontables días navegué sin rumbo bajo un sol abrasador, con la esperanza de que pasara algún barco, o de que me arrojaran las olas a alguna región habitable. Pero no aparecían ni barcos ni tierra, y comencé a desesperar en mi soledad, en medio de aquella ondulante e ininterrumpida inmensidad azul.

El cambio ocurrió mientras dormía. Nunca llegaré a conocer los pormenores; porque mi sueño, aunque poblado de pesadillas, fue ininterrumpido. Cuando desperté finalmente, descubrí que me encontraba medio succionado en una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía a mi alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista, en el cual se había adentrado mi bote cierto trecho.

Aunque cabe suponer que mi primera reacción fuera de perplejidad ante una transformación del paisaje tan prodigiosa e inesperada, en realidad sentí más horror que asombro; pues había en la atmósfera y en la superficie putrefacta una calidad siniestra que me heló el corazón. La zona estaba corrompida de peces descompuestos y otros animales menos identificables que se veían emerger en el cieno de la interminable llanura. Quizá no deba esperar transmitir con meras palabras la indecible repugnancia que puede reinar en el absoluto silencio y la estéril inmensidad. Nada alcanzaba a oírse; nada había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco; si bien la absoluta quietud y la uniformidad del paisaje me producían un terror nauseabundo.

El sol ardía en un cielo que me parecía casi negro por la cruel ausencia de nubes; era como si reflejase la ciénaga tenebrosa que tenía bajo mis pies. Al meterme en el bote encallado, me di cuenta de que sólo una posibilidad podía explicar mi situación. Merced a una conmoción volcánica el fondo oceánico había emergido a la superficie, sacando a la luz regiones que durante millones de años habían estado ocultas bajo insondables profundidades de agua. Tan grande era la extensión de esta nueva tierra emergida debajo de mí, que no lograba percibir el más leve rumor de oleaje, por mucho que aguzaba el oído. Tampoco había aves marinas que se alimentaran de aquellos peces muertos.

Durante varias horas estuve pensando y meditando sentado en el bote, que se apoyaba sobre un costado y proporcionaba un poco de sombra al desplazarse el sol en el cielo. A medida que el día avanzaba, el suelo iba perdiendo viscosidad, por lo que en poco tiempo estaría bastante seco para poderlo recorrer fácilmente. Dormí poco esa noche, y al día siguiente me preparé una provisión de agua y comida, a fin de emprender la marcha en busca del desaparecido mar, y de un posible rescate.

A la mañana del tercer día comprobé que el suelo estaba bastante seco para andar por él con comodidad. El hedor a pescado era insoportable; pero me tenían preocupado cosas más graves para que me molestase este desagradable inconveniente, y me puse en marcha hacia una meta desconocida. Durante todo el día caminé constantemente en dirección oeste guiado por una lejana colina que descollaba por encima de las demás elevaciones del ondulado desierto. Acampé esa noche, y al día siguiente proseguí la marcha hacia la colina, aunque parecía escasamente más cerca que la primera vez que la descubrí. Al atardecer del cuarto día llegué al pie de dicha elevación, que resultó ser mucho más alta de lo que me había parecido de lejos; tenía un valle delante que hacía más pronunciado el relieve respecto del resto de la superficie. Demasiado cansado para emprender el ascenso, dormí a la sombra de la colina.

No sé por qué, mis sueños fueron extravagantes esa noche; pero antes que la luna menguante, fantásticamente gibosa, hubiese subido muy alto por el este de la llanura, me desperté cubierto de un sudor frío, decidido a no dormir más. Las visiones que había tenido eran excesivas para soportarlas otra vez. A la luz de la luna comprendí lo imprudente que había sido al viajar de día. Sin el sol abrasador, la marcha me habría resultado menos fatigosa; de hecho, me sentí de nuevo lo bastante fuerte como para acometer el ascenso que por la tarde no había sido capaz de emprender. Recogí mis cosas e inicié la subida a la cresta de la elevación.

Ya he dicho que la ininterrumpida monotonía de la ondulada llanura era fuente de un vago horror para mí; pero creo que mi horror aumentó cuando llegué a lo alto del monte y vi, al otro lado, una inmensa sima o cañón, cuya oscura concavidad aún no iluminaba la luna. Me pareció que me encontraba en el borde del mundo, escrutando desde el mismo canto hacia un caos insondable de noche eterna. En mi terror se mezclaban extraños recuerdos del Paraíso perdido, y la espantosa ascensión de Satanás a través de remotas regiones de tinieblas.

Al elevarse más la luna en el cielo, empecé a observar que las laderas del valle no eran tan completamente perpendiculares como había imaginado. La roca formaba cornisas y salientes que proporcionaban apoyos relativamente cómodos para el descenso; y a partir de unos centenares de pies, el declive se hacía más gradual. Movido por un impulso que no me es posible analizar con precisión, bajé trabajosamente por las rocas, hasta el declive más suave, sin dejar de mirar hacia las profundidades estigias donde aún no había penetrado la luz.

De repente, me llamó la atención un objeto singular que había en la ladera opuesta, el cual se erguía enhiesto como a un centenar de yardas de donde estaba yo; objeto que brilló con un resplandor blanquecino al recibir de pronto los primeros rayos de la luna ascendente. No tardé en comprobar que era tan sólo una piedra gigantesca; pero tuve la clara impresión de que su posición y su contorno no eran enteramente obra de la Naturaleza. Un examen más detenido me llenó de sensaciones imposibles de expresar; pues pese a su enorme magnitud, y su situación en un abismo abierto en el fondo del mar cuando el mundo era joven, me di cuenta, sin posibilidad de duda, de que el extraño objeto era un monolito perfectamente tallado, cuya imponente masa había conocido el arte y quizá el culto de criaturas vivas y pensantes.

Confuso y asustado, aunque no sin cierta emoción de científico o de arqueólogo, examiné mis alrededores con atención. La luna, ahora casi en su cenit, asomaba espectral y vívida por encima de los gigantescos peldaños que rodeaban el abismo, y reveló un ancho curso de agua que discurría por el fondo formando meandros, perdiéndose en ambas direcciones, y casi lamiéndome los pies donde me había detenido. Al otro lado del abismo, las pequeñas olas bañaban la base del ciclópeo monolito, en cuya superficie podía distinguir ahora inscripciones y toscos relieves. La escritura pertenecía a un sistema de jeroglíficos desconocido para mí, distinto de cuantos yo había visto en los libros, y consistente en su mayor parte en símbolos acuáticos esquematizados tales como peces, anguilas, pulpos, crustáceos, moluscos, ballenas y demás. Algunos de los caracteres representaban evidentemente seres marinos desconocidos para el mundo moderno, pero cuyos cuerpos en descomposición había visto yo en la llanura surgida del océano.

Sin embargo, fueron los relieves los que más me fascinaron. Claramente visibles al otro lado del curso de agua, a causa de sus enormes proporciones, había una serie de bajorrelieves cuyos temas habrían despertado la envidia de un Doré. Creo que estos seres pretendían representar hombres... al menos, cierta clase de hombres; aunque aparecían retozando como peces en las aguas de alguna gruta marina, o rindiendo homenaje a algún monumento monolítico, bajo el agua también. No me atrevo a descubrir con detalle sus rostros y sus cuerpos, ya que el mero recuerdo me produce nauseas. Más grotescos de lo que podría concebir la imaginación de un Poe o de un Bulwer, eran detestablemente humanos en general, a pesar de sus manos y pies palmeados, sus labios espantosamente anchos y fláccidos, sus ojos abultados y vidriosos, y demás rasgos de recuerdo menos agradable.

Curiosamente, parecían cincelados sin la debida proporción con los escenarios que servían de fondo, ya que uno de los seres estaba en actitud de matar una ballena de tamaño ligeramente mayor que él. Observé, como digo, sus formas grotescas y sus extrañas dimensiones; pero un momento después decidí que se trataba de dioses imaginarios de alguna tribu pescadora o marinera; de una tribu cuyos últimos descendientes debieron de perecer antes que naciera el primer antepasado del hombre de Piltdown o de Neanderthal. Aterrado ante esta visión inesperada y fugaz de un pasado que rebasaba la concepción del más atrevido antropólogo, me quedé pensativo, mientras la luna bañaba con misterioso resplandor el silencioso canal que tenía ante mí.

Entonces, de repente, lo vi. Tras una leve agitación que delataba su ascensión a la superficie, la entidad surgió a la vista sobre las aguas oscuras. Inmenso, repugnante, aquella especie de Polifemo saltó hacia el monolito como un monstruo formidable y pesadillesco, y lo rodeó con sus brazos enormes y escamosos, al tiempo que inclinaba la cabeza y profería ciertos gritos acompasados. Creo que enloquecí entonces.

No recuerdo muy bien los detalles de mi frenética subida por la ladera y el acantilado, ni de mi delirante regreso al bote varado... Creo que canté mucho, y que reí insensatamente cuando no podía cantar. Tengo el vago recuerdo de una tormenta, poco después de llegar al bote; en todo caso, sé que oí el estampido de los truenos y demás ruidos que la Naturaleza profiere en sus momentos de mayor irritación.

Cuando salí de las sombras, estaba en un hospital de San Francisco; me había llevado allí el capitán del barco norteamericano que había recogido mi bote en medio del océano. Hablé de muchas cosas en mis delirios, pero averigüé que nadie había hecho caso de las palabras. Los que me habían rescatado no sabían nada sobre la aparición de una zona de fondo oceánico en medio del Pacífico, y no juzgué necesario insistir en algo que sabía que no iban a creer. Un día fui a ver a un famoso etnólogo, y lo divertí haciéndole extrañas preguntas sobre la antigua leyenda filistea en torno a Dagón, el Dios-Pez; pero en seguida me di cuenta de que era un hombre irremediablemente convencional, y dejé de preguntar.

Es de noche, especialmente cuando la luna se vuelve gibosa y menguante, cuando veo a ese ser. He intentado olvidarlo con la morfina, pero la droga sólo me proporciona una cesación transitoria, y me ha atrapado en sus garras, convirtiéndome irremisiblemente en su esclavo. Así que voy a poner fin a todo esto, ahora que he contado lo ocurrido para información o diversión desdeñosa de mis semejantes. Muchas veces me pregunto si no será una fantasmagoría, un producto de la fiebre que sufrí en el bote a causa de la insolación, cuando escapé del barco de guerra alemán. Me lo pregunto muchas veces; pero siempre se me aparece, en respuesta, una visión monstruosamente vívida.

No puedo pensar en las profundidades del mar sin estremecerme ante las espantosas entidades que quizá en este instante se arrastran y se agitan en su lecho fangoso, adorando a sus antiguos ídolos de piedra y esculpiendo sus propias imágenes detestables en obeliscos submarinos de mojado granito. Pienso en el día que emerjan de las olas, y se lleven entre sus garras de vapor humeantes a los endebles restos de una humanidad exhausta por la guerra... en el día en que se hunda la tierra, y emerja el fondo del océano en medio del universal pandemonio.

Se acerca el fin. Oigo ruido en la puerta, como si forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo. No me encontrará. ¡Dios mío, esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana!


H.P. Lovecraft 

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Uno de los apendices mas curiosos:

El ungüento de Khephens El Egipcio
‹‹A quienquiera que unte su cabeza con el ungüento de Khephens se le concederán durante el sueño visiones veraces de los tiempos que aún han de venir.Cuando la Luna incrementa su luz, colocad en un crisol de tierra una generosa cantidad de aceite de Loto, rociadlo con una onza de polvo de mandrágora y agitadlo bien con una ramita en forma de horquilla de arbusto espinoso. Habiendo hecho esto, completad así el encantamiento de Yebsu (tomado de diversas líneas del papiro), así:
Soy el Señor de los Espíritus,
Oridimbai Sonadir, Episghes,
Soy Ubaste, Phto nacido de Binui Sphe, Phas;
En el nombre de Auebothiabathabaithobeuee
Da poder a mi palabra, ¡Oh Nasira Oapkis Shfe!
Da poder Chons-in-Thebes-Nefer-hotep, Ophois,
¡Da poder! ¡Oh Bakaxikhekh!
Añadid a la poción una pizca de tierra roja, nueve gotas de natròn, cuatro gotas de bálsamo de incienso y una gota de sangre (de vuestra mano derecha). Combinad el conjunto con una medida igual de grasa de gansarón y colocad la vasija encima del fuego. Cuando todo se haya fundido bien y empiecen a surgir los vapores oscuros, haced el Signo Mayor y retirad el recipiente de las llamas.
Cuando el ungüento se haya enfriado, colocadlo en una urna del más fino alabastro, que guardaréis en un lugar secreto (conocido sólo por vosotros) hasta que tengáis necesidad de él.››



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Puede que sea un libro maldito, prohibido... incluso puede que su lectura lleve a la locura, pero no por ello deja de representar nuestros miedos mas profundos, deseos, inclusos anhelos. Temer a lo desconocido solo fomenta ese miedo y al fin y al cabo... ¿Quien puede negar que parte de lo que atañe esta lectura no sea real?

Hezerleid


domingo, 7 de febrero de 2016

El libro de Nod o Biblia vampírica (y un poema para Lilith)

Los vampiros más viejos recuerdan sus primeras noches, pero no hablan de ellas. Otros han oído historias, pero saben que no hay que creerlas. Los sabios hablan del libro de Nod, pero nadie lo ha visto. Estos relatos comienzan con la crónica de Caín y las primeras noches del vampiro. La crónica de las sombras desvela las enseñanzas ocultas del Padre Oscuro. Por último, la crónica de los secretos desvela los más profundos misterios de los Condenados, incluyendo la llegada de la temida gehena.



Información sobre el libro:
Las tradiciones de los vampiros han sido transmitidas principalmente por vía oral y recogidas en el Libro de Nod.
Lo poco que se sabe con cierta certeza de éstos seres es lo que se halla escrito en éste libro, que vendría a ser algo así como el Antiguo Testamento de los vampiros. No se ha visto nunca una versión completa de él, sino que se han dado a conocer fragmentos.
El motivo original por el cual se escribió, se ha perdido. Algunos creen que son parábolas creadas para contar el cuento de los primeros Vástagos de un modo en que hasta el más simple de nosotros pueda entenderlos. En él se narra cómo Caín fundó una ciudad, y se proclamó rey entre los mortales, iniciando así una vasta progenie de cainitas –palabra de deviene del nombre Caín, y con la que se denomina comúnmente a su descendencia.
 
La región de Nod, o “tierras ignotas”
Según la Biblia, la región de Nod, que significaría “tierras ignotas”, se encontraba al oriente del Edén. La palabra Nod podría derivar del hebreo “nad” que significa errante. Nod es la tierra donde “la luz del Paraíso enciende el cielo nocturno y las lágrimas de nuestros ancestros riegan el suelo. Es la tierra donde Adán y Eva se refugiaron luego de ser desterrados del Paraíso. Aquí es donde Caín comete su fratricidio.




El autor, Aristotle de Laurent
Ahora, ¿qué se sabe sobre el recopilador de éstos textos? Su nombre es Aristotle de Laurent. Éste vástago, de nacionalidad francesa, nació alrededor del 1100. Hijo de un mercader y muy capaz para el aprendizaje, no tarda en adquirir grandes conocimientos. Todo sobre su abrazo y advenimiento en chiquillo permanece en una nebulosa. Se sospecha que pertenece a un linaje denominado Mnemosyne, llamados a sí mismos “Los Buscadores de Recuerdos”, cuyo nombre se deriva de la madre de las musas griegas. Esta línea de sangre, probablemente una mezcla de sangre Malkavian y Gangrel, conduce a una inextinguible sed de conocimientos, tornándose en una manía.
En el transcurso de estos siglos, Aristotle de Laurent se ha convertido en el más famoso “Nodista”, por así decirlo, de la Camarilla. Junto con otros tres cainitas,-Lucita, Beckett y Anatole- han recopilado fragmentos del Libro de Nod. Posteriormente, se ha realizado una tirada de tan solo diez ejemplares.
Aristotle comenta en el prólogo del libro, que la suya “es la más completa compilación de las Crónicas del Libro de Nod jamás reunida. Ni siquiera la traducción del Códice de Caín de Critias ha sido tan completa” (Libro de Nod, Prefacio). Aunque aclara que éste libro tampoco contiene el texto completo. Pero ¿Qué ha ocurrido con el resto de los fragmentos? Él mismo aduce haber visto los textos completos pero no haber podido acceder a ellos por diversas razones. También se atreve a sospechar de la veracidad de los nombres dados a los Antediluvianos y Matusalenes en los fragmentos, ya que supone que podrían haber sido cambiados, pues en los nombres reside poder y éstos podrían ser utilizados en su contra por algunos magos.


¿De que trata el libro de Nod?
La historia comienza cuando Caín mata a su hermano Abel y Dios lo castiga condenándolo a vagar por la tierra de Nod. Aquella maldición y destierro es el inicio de un viaje que lo llevaría a conocer a Lilith, a quien muchos consideran la verdadera madre de los vástagos y de quien aprendería el uso de la magia. En el Libro de Nod recuenta cómo Caín funda la ciudad de Enoch y engendra tres chiquillos (segunda generación). Relata el tumultuoso nacimiento de las líneas de sangre a partir de la tercera generación de vástagos y los orígenes de la Yihad, o sea la guerra entre clanes producto de las antiguas rivalidades de la primer ciudad. Tambien narra cómo el Diluvio arrasa la ciudad de Enoch y luego de esto, los vástagos fundan una segunda ciudad. Luego de la destrucción de Enoch, Caín desaparece en el desierto, para no saberse más nada de él.
Algunos historiadores sitúan al fragmento más antiguo antes de Sumeria, cerca del 4.500 A.C. El texto está escrito a la usanza de los Cantos épicos, como La Ilíada o El Cantar de los Nibelungos, entre otros. Es una compilación de trozos y fragmentos que de Laurent y sus compañeros han ido desenterrando durante numerosos viajes. Se cuenta en el libro de Nod que Cain hizo solo tres vampiros, y se nos dice que fueron muertos durante la primera guerra, cuando los nietos de Cain se sublevaron contra sus padres. Fue durante este gran conflicto cuando las tribus se dispersaron y los vástagos





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Un poema para Lilith:



Lilith
Dicen: que a orillas del mar muerto
Donde las tiernas vírgenes se prenden en fuego
Y los recuerdos de amores candidos desaparecen
Ella te observa
Con la misma ira con que miraba a Adán.

Oculta a los ojos de Eva, Lilith existió
Preguntándose siempre porque nadie jamás le amó
Si por querer ser igual, el rechazo consiguió
Tal vez dejándose dominar consiga el amor.

Pero ahora es muy tarde, su corazón se marchitó
Y el titulo
“Madre de demonios” adoptó.

La ira de Lilith se dejara ver
Y a los hombres hará corromper
Más nunca nadie jamás escuchó 
Las voces tristes que oigo yo:

Madre de la noche, criatura rebosante de sensualidad
Ven a mi lecho a reposar
Si Adán te despreció, eso en mi no has de encontrar
Pues yo a tu ser me he de arrodillar.

Señora mía, aquí me tienes
Arranca mis alas si quieres.
Pero ten cuidado Semangelof esta alerta
Y Senoy blandea
El filo de la espada que a tus hijos acaba.

Mi gran señora, les escucho llegar, 
Si me ven, me han de matar, 
Pues solo un subordinado soy.
Al servicio de Dios.

Mas mi amor por ti, es tan grande como el mar que nos rodea
Y como ese mar, jamás flaquea.
Si a tu lado deseas que me quede, 
A tu lado me he de quedar. 
Amándote hasta el final.

Los Ángeles están por hablar, oigo a Senoy desenrollar
El mismo pergamino de siempre, con la advertencia en el yaciente:

Lilith, ha de volver con Adán
O trescientos de sus hijos perecerán.
Como cada día hasta el final de las Eras
Será cumplida vuestra condena
…”

Estúpidos todos ellos mi amada
Pues no saben la historia que guardas.

De cómo al que Caín llamó padre te obligo a callar.
Ante su desigual forma de procrear.

Pero aun así te mantuviste en pie 
Y tu derecho quisiste ejercer.
¿Porque si ambos son iguales, tú has de estar bajo él?
Justo para ti jamás fue


Es hora de que deje tus aposentos amada mía
Pero al atardecer de mañana recreare nuevamente mi estadía
Que la llama nuestro amor jamás se apague,
Y que Caín, nos permita esta continuar. Hasta que llegue mi final.

Aun en el cielo, Adán a Lilith aguarda,
Su orgullo quebrado la razón le arranca.
Eva callada e ignorante
Se somete como amante
Sin poder opinar,
Siempre ha de callar.

Mientras él en el cielo desespera,
Aquí en la tierra, Lilith prolifera
​.




Hezerleid